Cada año va creciendo en nuestro país la asimilación del Haloween norteamericano, inmersos como estamos desde hace décadas en un proceso de globalización y colonización cultural. Y a la par va creciendo, en determinados sectores, un hasta cierto punto comprensible rechazo a esta invasión. Pero si este rechazo y esta defensa de nuestras tradiciones se circunscribe a la defensa del Tenorio, los buñuelos de viento y la obligada visita a cementerios y misas de difuntos, desconociendo toda una serie de manifestaciones de origen pagano que se han mantenido durante siglos para prácticamente desaparecer en las últimas cinco décadas, estaremos perdiendo una parte de nuestra historia etnográfica de un valor incalculable.La maraña de webs que citan estas costumbres, normalmente copiándose unas a otras
ad infinitum, y sin una sola referencia bibliográfica o, lo que es aún peor, con citas inexactas o directamente erróneas, no añade claridad al tema que nos ocupa, por lo que decidí realizar mi propia investigación, online y totalmente amateur, que conste, pero con la mayor seriedad que mis cortos conocimientos me permiten.
El punto de partida, como no puede ser de otra manera, fue Rafael López Loureiro, que lleva varias décadas investigando y rastreando la costumbre de las calaveras de ánimas (vaciado y tallado de calabazas y colocación de una vela en su interior), a lo largo y ancho de nuestra geografía. Y el punto final, como veremos, me ha llevado a conocer dos ejemplos en la provincia de Salamanca, en las comarcas de Arribes del Duero y Sierra de Béjar, concretamente. Pero empecemos por López Loureiro:
«Samaín tal como la conocemos actualmente en Galicia es, en gran medida, una recuperación moderna iniciada en 1990 por Rafael López Loureiro, maestro de escuela de Cedeira, en la costa de Coruña.
Todo comenzó cuando su hija llegó a casa con una calabaza decorada al estilo Halloween de su clase de inglés. López Loureiro recordó que él mismo, en su infancia, había tallado calabazas (o "melones", como se les llama en su zona) alrededor del Día de los Difuntos. Este recuerdo lo llevó a investigar.
Su búsqueda reveló que hasta hace apenas 30 años, en numerosos pueblos gallegos (y también en zonas de Zamora, León y el norte de Cáceres) existía la costumbre de tallar calabazas o nabos, iluminarlos con velas y colocarlos en ventanas o en cruces. Los niños salían con collares de castañas, las mujeres dejaban comida para las almas... Tradiciones que se perdieron con el éxodo rural pero que aún vivían en la memoria de los abuelos.
[…]
Sí, en Galicia se tallaban calabazas. O más exactamente, se tallaban calabazas, nabos, remolachas o cualquier fruta disponible para crear "caliveras" o "caveiras" iluminadas
Cada zona tenía su propio nombre: "calacús" en las Rías Baixas, "calabazotes" en Ortigueiral, "caveiras de melón" en Cedeira, "colondros" en Ourense, "bonecas" en Xermade... Los niños los preparaban ahuecándolos, tallando caras aterradoras, añadiendo dientes hechos con palos y colocando una vela en su interior.
¿Dónde fueron colocados? En las ventanas de las casas, en los cruces de caminos, en las entradas de los cementerios. El objetivo era doble: iluminar la oscuridad de las noches de otoño y, según la tradición, alejar a los malos espíritus o guiar las almas de los difuntos.
Esta costumbre sobrevivió en las zonas rurales hasta los años 60-70 del siglo XX, desapareciendo posteriormente con la despoblación rural y la influencia de las costumbres urbanas. No fue hasta el trabajo de recuperación de López Loureiro en los años 90 que regresó a la vida pública.» (1)
Este artículo me dio el primer hilo del que tirar, aunque por el camino me encontré la que, al menos hasta donde yo he llegado, es la referencia más antigua a las calaveras de ánimas:
«Asustar á las gentes tímidas que andaban de noche por la aldea para lo cual vaciaba una calabaza le hacia dos agujeros á modo de ojos colocaba en cada uno de ellos un pimiento encarnado ponia dentro un cabo de vela encendido y colocaba la calabaza así preparada en alguna de las encrucijadas donde se solia detener á los muertos para cantarles el responso.» (2)
La costumbre es además corroborada en al menos dos artículos de la revista de etnografía Folklore:
«En Val de San Lorenzo las viejas contaban historias de
ánimas […]. A veces en los caminos podían verse calabazas o remolachas huecas
con velas encendidas dentro y agujeros en forma de calavera para asustar a los
viajeros.» (3)
«La costumbre de salir con las calabazas se atestigua
perfectamente gracias a las entrevistas. Por la tarde-noche del Día de los
Santos, los muchachos salían con las calaveras talladas en calabazas,
iluminadas con una vela en su interior por las calles del pueblo. Según los
informantes, "salíamos a dejarlas en el cerro, pero nunca íbamos solos". Los
informantes más mayores que nos hablaron de esta costumbre remarcan que era "mucho más antigua". "Sí, hombre, eso era ya antes que yo. Las hacía cuando era
pequeño", cuenta un informante de más de ochenta años. Parece que en la primera
época que intentamos atestiguar no se pedían aguinaldos para las ánimas con las
calaveras de calabaza. En este sentido, un hombre de Fuentes Claras (un pueblo
cercano) nos relató cómo, cuando era joven, se disfrazaban de ánimas por la
tarde: "Con cuatro remiendos te disfrazabas de espantajo".
[…]
La costumbre de la recogida de judías también se transforma con el paso del tiempo. De los años de posguerra y escasez, donde se recogían judías todo el año para poder comprar la merienda de los santos, se pasa a recogerlas solo durante el día anterior, de forma testimonial, pues, como hemos podido recoger en las entrevistas, la gente ya podía comprarse bollos y chocolate. En unos pocos años (no sabemos cuántos), el rito de la recogida de judías acaba desapareciendo.
[…]
Gracias a los testimonios de personas que cuentan actualmente con alrededor de treinta años, hemos podido reconstruir el estado de las costumbres en el pueblo en los años noventa. Básicamente, la única actividad que se realizaba era la fabricación de las calabazas, y después salir por la tarde a pedir dinero para las "ánimas benditas".» (4)
Otra de las costumbres que podemos intuir en el texto anterior consistía en una especie de aguinaldo de otoño y, aunque no sea exactamente un trasunto del truco o trato, lo podemos encontrar en numerosas zonas de Extremadura:
«Se denomina chaquetía o chiquitía a la merienda que los días 1 o 2 de noviembre se realiza en el campo y en la que se consumen frutos del tiempo como higos pasos, nueces, bellotas, granadas, castañas y preparados como el dulce de membrillo y también ciertas tortas típicas, bollas, o panes especiales. En muchos pueblos los muchachos salen a pedir dichos productos de casa en casa. Es una tradición que se sigue realizando en localidades de las comarcas de Extremadura como Aceuchal, Almendralejo, Calzadilla de los Barros, Herrera del Duque, Usagre, Puebla de Alcocer, Coria, Moraleja o Mérida. En el norte de Extremadura recibe también los nombres de chiquitía, calvochá o magosto.
En muchos pueblos los niños van de casa en casa cantando la cancioncilla: "Tía, tía, dame la chiquitía, que si no no eres mi tía". Con diversas variantes a lo largo de la geografía extremeña, para pedir las castañas y demás productos que más tarde utilizarán en dicha merienda. Antiguamente, los muchachos llevaban unos faroles que se hacían vaciando una sandia a la que la ponían un asa de cuerda y en el interior una vela encendida a modo de farol.» (5)
Asimismo, se puede encontrar en buena parte de Asturias:
«Alberto Álvarez Peña, etnógrafo, estudioso de la cultura popular asturiana, escritor y dibujante, afirma que "la Güestia puede salir todo el año, pero, sin duda, cuando lo hace sin faltar a su cita es en la noche de Difuntos".
[…]
Otra de las tradiciones de la noche de Difuntos, en que los niños van pidiendo dulces por las casas, también ha tenido siempre hondo arraigo en Asturias. Así, por ejemplo, recuerda Alberto Álvarez Peña que "en aquella noche los niños iban por las casas pidiendo pan, carne y vino, algo que hacían tanto los hijos de los ricos como de los pobres. También pedían dulces. En Santa Marina de Cuideiro los chavales se cubrían la cara con ceniza e iban pidiendo comida por las casas".» (6)
Este último testimonio nos lleva a otra costumbre digna de mención como es la de tiznarse la cara o incluso disfrazarse para pedir estos aguinaldos, aunque la mayoría de estos últimos no se realizaran en las fechas de Todos los Santos, sino en el conocido aguinaldo navideño o, como en este caso y volviendo a Extremadura, las Pantarullas de Almoharín, que tiene lugar el día 13 de junio festividad de San Antonio:
«[…] en la localidad cacereña de Almoharín tienen la costumbre de disfrazarse con una sábana blanca, armarse con un garrote y llevar una calabaza vacía a la que colocan una vela. Esto lo hacen para ir por la noche asustando a las gentes (a los futuros yernos y nueras o a quien había terminado con una relación por otra persona…). Son llamados Pantarullas, y el Día de la Maza, celebrado el día de San Antonio, forman parte del acompañamiento en la procesión dónde tienen como misión ahuyentar a los malos espíritus.» (7)
Como curiosidad, cabe dejar constancia de la comarca portuguesa de Coimbra donde se recogen, por el mencionado López Loureiro, las tres tradiciones en las fechas de nuestro interés:
«En la región de Coimbra el tallado de las calaveras en calabaza estaba vivo en los años 50 del siglo pasado, según informa JRA en carta enviada a http://absonante.blogspot.com con fecha de 1 de noviembre de 2005, lamentando la invasión de Halloween. En ella se referencia también la costumbre de poner mesa a los difuntos en día tal, los dulces tradicionales ( los bolinhos e bolinhós, que antiguamente llamaban, y aún llaman por el centro de Portugal, el pão das almas, pan de las ánimas, que en los más de los lugares ha devenido en ser llamado pão de Deus, pan de Dios) o la tradición de pedir el aguinaldo por las calles acompañados de las calabazas prendidas. Este petitorio se realizaba en los barrios más humildes, que podemos suponer fuesen los arrabales, en simbiosis por aquel entonces con el mundo rural. Especialmente se cita "el bairro da lata da Conchada, alí junto ao cemiterio" Datos que se confirman en http://umpoucomaisdeazul.blogspot.com, con fecha de 30 de octubre de 2004, y aún añade dos precisiones: el aguinaldo se pedía después de la comida, "de jantar", con los niños vestidos de oscuro y con las caras pintadas de negro y cantando con tono fúnebre.
No dejaré de reseñar el texto completo de este aguinaldo, toda vez que no he encontrado nada igual en toda la Península Ibérica y ser por si mismo interesantísimo y revelador. El texto consta de dos partes. En la primera los niños casa por casa solicitan el regalo de un dulce (los bolinhos) con el siguiente texto: Bolinhos e bolinhós/ para min e para vos/ para dar aos finados/ que estão mortos e enterrados/ A bela, bela cruz, truz truz/ A senhora que está lá dentro/ sentada nun banquinho/ faz favor de vir cá fora/ pr´a nos dar un tostaozinho. Llegados a este punto, si las gentes les daban el dulce contestaban: Esta casa cheira a broa/ aquí mora xente boa/ esta casa cheira a viño/ aquí mora algún santiño. Pero si fuese el caso de no ser bien recibidos y aún ser despedidos de malos modos, respondían: Esta casa cheira a alho/ aquí mora algún bandalho/ esta casa cheira a unto/ aquí mora algún difunto.» (8)
En otra publicación de López Loureiro, y entrando ya en la provincia de Salamanca, se recoge lo siguiente:
«La Peña-Salamanca, en los Arribes del Duero
Teresa Santos Melado, nada na vila de La Peña.
“Allí se hacían muchas, siempre en el tiempo de la matanza, pues se vaciaban las calabazas para hacer el farinato y los niños hacían las calaveras. Eran los viejos quienes les ayudaban a hacerlas. El que mejor las hacía era el tío Eusebio... (del tiempo de mi padre, nació en 1872, así que hoy tendría 133 años)... se le hacían los ojos, los dientes, y se les ponía una vela. Luego los niños iban a las casas de los conocidos con sus calabazas para que los convidasen. Allí dar el convite es invitarlos con alguna chuchería.”» (9)
Y en la comarca de Béjar mi propio padre, Mariano Pérez Sánchez (1960), relata lo siguiente:
«Las calabazas que nosotros usábamos eran las pequeñas, que eran como una cabeza, y de una clase que eran de color amarillenta pálido que recuerda más al hueso; se vaciaban por abajo, se le hacían los ojos redondos y una dentadura, nada más. Y luego se le ponía la vela.
Lo que más recuerdo es la primera vez que vi una: subía por unas escaleras bastante oscuras y en una repisa había una, menudo susto me dieron, yo tendría entre cinco o seis años.
Mi padre las cultivaba y, de hecho, muchas, porque luego las vendía para hacer morcillas de calabaza. Recuerdo que las subíamos al desván de mi abuela Pilar y allí las curaba un poco y luego las vendía.
Mi hermano las llevaba haciendo más tiempo porque tenía casi siete años más que yo y él ya las hacía. Yo aprendí a hacerlas con él, yo le veía.
Hacíamos una, generalmente las poníamos nosotros porque éramos quienes las cultivaban y no se podían desaprovechar muchas porque se vendían.
Nosotros la poníamos la víspera [de Todos los Santos] cuando anochecía, para que llegara hasta las doce de la noche del día 1, poco más o menos.
La hicimos pocas veces porque en el portal ese falleció una vecina y, unos meses después, otro vecino que le había ofrecido una misa y no la había cumplido, salió como loco diciendo que había visto a la muerta y a partir de ahí ya se acabó…
Posteriormente nos cambiamos de casa y ya no volvimos a hacer nada. Yo era pequeño, tendría unos nueve años como mucho cuando lo dejé de hacer, quizás ni eso, quizás ocho como mucho. Los muchachos del barrio las hacíamos juntos.
La verdad es que cuando le pasó eso a ese hombre que salió corriendo y alborotó a todo el barrio ya no se volvió a hacer más, yo creo que tendría eso, ocho años.
Luego cuando volví con once años ya no, mi hermano era ya muy mayor y ya no lo hicimos más.»
Para finalizar, dejo la tabla, y las poblaciones citadas en anexo, que Rafael López Loureiro reflejaba en 2007 en la primera de las obras citadas:

Solana de los Barros (Badajoz), Cepeda la Mora (Ávila), comarca de Río Martín y comarca de Belchite (Teruel); Calatayud, Oseja, Trasobares y Salas Bajas (Zaragoza); Sobrarbe, Ainsa, Boltana (Huesca); Arnedo (La Rioja); Algete, Almenara, Santa María de la Alameda (Madrid); Villanueva de Guadamejud, Huertapelayo (Guadalajara); Gascueña (Cuenca); Alcudia, Sant Miquel del Campament, Jubí, Villafranca de Bonany, Buger, Manacor y Biniamar (Baleares); Región de Coimbra (Portugal). (10)
NOTA: Mención especial merece la web https://nochedelasanimas.com/ de la celebración en Radiquero (Huesca) de dichas tradiciones y donde podemos encontrar las instrucciones para vaciar y tallar las calaveras al modo tradicional (desde abajo), testimonios e historias sobre la tradición de las almetas y totones, así como fotografías del evento como las que adjunto:


___________________________________________________________________
(1) Grupo Country Homes. (30 de octubre de 2025). Samaín and Halloween: what is really celebrated in Galicia. https://www.grupocountryhomes.com/en/new/samain-and-halloween-what-is-really-celebrated-in-galicia#seccion-8
(2) De Trueba, Antonio. “Aventuras de Periquillo”. En La Familia cristiana: biblioteca de novelas morales dedicada a la juventud (p. 17). Ed. Pérez Dubrull, A. 1871.
https://books.google.es/books?id=h0JJAAAAIAAJ&pg=PA17&dq=%22vaciaba+una+calabaza%22&hl=es&sa=X&ei=_Y6IVIqRB4faaoDPgvAO&ved=0CCcQ6AEwAQ#v=onepage&q=%22vaciaba%20una%20calabaza%22&f=false
(3) Turienzo Martínez, ALfonso (2005) La brujería leonesa. Revista de Folklore, 294 (p. 183). https://funjdiaz.net/folklore/pdf/rf294.pdf
(4) Osma Soria, Miguel (2017) De Todos los Santos a Halloween: costumbres y creencias populares en Chillarón de Cuenca. Revista de Folklore, 423 (pp. 18-28). https://funjdiaz.net/folklore/pdf/rf423.pdf
(5) Bibliotecaceipmelendezvaldes. (30 de octubre de 2017). Nuestras tradiciones: La Chaquetía. Biblioteca del CEIP Meléndez Valdés. https://bibliotecaceipmelendezvaldes.blogspot.com/2017/10/nuestras-tradiciones-la-chaquetia.html
(6) Paredes, Ana Paz. (31 de octubre de 2012). La Güestia está al acecho. La Nueva España. https://www.lne.es/asturias/2012/10/31/gueestia-acecho-20776654.html
(7) Espino, Israel J. (27 de febrero de 2012). De Aullones, Pantarujas, Mantarujas y Pamparamantas. Extremadura Secreta. Diario Hoy. https://blogs.hoy.es/extremadurasecreta/2012/02/27/de-aullones-pantarujas-pamparullas-y-pamparamantas/
(8) López Loureiro, Rafael. “Las calaveras de ánimas en la Península Ibérica”. En Pasado y presente de los estudios celtas (p. 473). Editorial Fundación Ortegalia, 2007. https://www.yumpu.com/es/document/read/10323303/pasado-y-presente-de-los-estudios-celtas-ortegalia/473
(9) López Loureiro, Rafael. UNIDADE DIDÁCTICA As Caveiras de Colondros e o Tempo de Samaín (p.7). Serie Raigame, Deputación Ourense, 2006 https://publicacions.depourense.es/wp-content/uploads/2024/06/propostapedagoxica-04.pdf
(10) López Loureiro, Rafael. “Las calaveras de ánimas en la Península Ibérica”. En Pasado y presente de los estudios celtas (pp. 468-475). Editorial Fundación Ortegalia, 2007. https://www.yumpu.com/es/document/read/10323303/pasado-y-presente-de-los-estudios-celtas-ortegalia/468
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