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miércoles, 5 de octubre de 2011

La RAE no quiere compartir sus palabras

 Como parece ser que la lengua castellana, tal y como la conocemos, tiene las horas contadas, pues pronto llegará el tiempo en que la Editorial Planeta, o Santllana, o la de turno que nos toque en esos días, compre los derechos (http://periodismohumano.com/economia/la-rae-no-quiere-compartir-sus-palabras.html), o se los entreguemos sin condición (cuando digo entreguemos, me refiero obviamente a nuestros amiguitos políticos des-gobernantes, que velan y actúan por nosotros), y tendremos que pagar por la reproducción total o parcial de cualquiera de sus voces, o incluso por interpretarlas con la nuestra propia, propongo la adopción de un nuevo idioma. Una lengua libre, fuera de las manos de las editoriales (el guíglico no sirve, que pertenecerá a quien diablos tenga los derechos de Rayuela), y las multinacionales, de los académicos aristocratizantes, del neoliberalismo, la usura y el mercadeo. Como ejemplo, propongo un viejo recuerdo de instituto, un poema esperandulo, lengua inventada con la que yo y tres de mi mejores amigos pasábamos el tedio de las clases.


Corpicios
Qué fiscondio ver como el limendongio
va perunando tu cortengio
haciéndome rofelar añucito,
tanto que me embolo al azuleo.
Qué fiscondio ver tu neronga
bajo la niluzonjia de la zonjia
de una xéndula pelúcida.
Qué fiscondio ver el ino de tu doringe
como el efímero inario de un bendúngalo
capaz de convertir el pucio en anapucio.
Que fiscondio quedarme contigo hasta el aspuciar
y a pesar del fusilangulo,
por todo esto, qué fiscondio estar añucito.

miércoles, 21 de enero de 2009

La energía que consumimos


Ayer, el nuevo líder mundial, el señor Obama, en su discurso hizo referencia a las energías renovables. "Domaremos el sol y los vientos y la tierra para alimentar nuestros vehículos y hacer funcionar nuestras fábricas" Aparte de lo poética que puede sonar la sentencia, me hizo reflexionar sobre varias cuestiones relativas a la energía que consumimos y al futuro que se nos presenta.

Nos han dicho desde hace unos años que los combustibles fósiles se agotan,qué además su consumo es la principal causa del efecto invernadero antropogénico, y poco a poco todos hemos ido pasando por el aro, incluso el por fin ex-presidente Bush. ¿Todos? Bueno, excepto un pequeño cavernícola que resiste (el también ex-presidente Aznar). Bromas aparte, la cosa es que, cada vez más, se extiende el empleo de las energías alternativas, principalmente la energía eléctrica en sus distintas vertientes. Pero, ¿la solución es esa? ¿Realmente la energía eléctrica es limpia? En España menos del 10% de la energía eléctrica es renovable. La demás procede del carbón en su mayoría, seguida del petróleo, el gas natural y la nuclear.

Producir toda esta energía también genera CO2 y agota las reservas de combustibles no renovables. En cuanto a la energía renovable, me pregunto cúanto de ecológica es realmente. Los parques eólicos crean un impacto visual aberrante, y si establecemos una relación entre este impacto y la cantidad de enrgía que producen, no salen muy bien parados; las placas solares están bastante bien, los parques solares tienen un poco menos de impacto, pero ¿y el proceso de purificación del silicio? Tengo entendido que este proceso es bastante contaminante; las centrales hidráulicas tienen gran impacto, su construcción para potencias realmente útiles requieren obras faraónicas; la biomasa produce CO2 en su combustión.... vaya panorama.

Últimamente nos han vendido la moto, o el coche, con el automóvil eléctrico. Tenemos dos versiones los de pila de ión-litio recargables, como las de los teléfonos móviles y los de pila de hidrógeno. Los primeros son recargables, como ya he dicho, y para recargarlos qué hacemos, tirar de la red eléctrica, o sea que volvemos al problema de dónde procede la energía eléctrica que consumimos. Y los segundos, revolución tecnológica del siglo XXI, con un combustible basado un hidrógeno para el ánodo y oxígeno para el cátodo, son capaces de producir energía eléctrica muy limpia. Tan limpia que sólo emiten como residuo vapor de agua. ¡Por dios, qué limpio! Ahora bien, si la flota actual de automóviles y las fábricas y demás, produciendo CO2, generan el efecto invernadero, ¿os imagináis qué pasaría si esas emisiones se convirtieran en vapor de agua? ¿A nadie se le ha ocurrido aún pensar cómo afectarían al clima millones y millones de toneladas de vapor de agua? ¿No produciría esto cambios climáticos, tanto locales, primero, como globales, a la larga?

Hay quienes confían en que la tecnología irá solucionando todos los problemas energéticos que se nos presentan. Yo, personalmente, si algo he aprendido de una ambientóloga en potencia que anda por aquí, creo que el problema no es el combustible sino el consumo irracional y exagerado. La solución pasa por disminuir la energía que consumimos, no las fuentes que la producen. Nuestro estilo de vida derrochador, irresponsable, consumista, basado en la economía liberal y el produzco-consumo, de incluso los que se consideran socialdemócratas, socialistas, anarquistas y demás rollos ideológicos, está caduco. Deberemos avanzar en nuetra capacidad de sentirnos realizados con menos chuminadas y más, sintiéndonos agusto con nosotros mismos y la gente que nos rodea, sin objetos innecesarios de los que alardear, y que erróneamente creemos muestras de nuestro maravilloso status social, no siendo más que monumentos a la estupidez humana.

miércoles, 14 de enero de 2009

Caelionicco (Vicus Caecilius)


Finalmente apareció. Caelionico, Vicus Caecilius o Caecilio Vico, el asentamiento vetton, posteriormente mansio romana fue hallado en la tarde de ayer por el grupo de arqueólogos aficionados. Tras el fiasco de la tarde anterior, con las vagas explicaciones del libro “Topoguía de la Ruta de la Plata” del Grupo Ecologista Alagón (editado por AMARU EDICIONES, ISBN: 84-8196-045-4), que cito textualmente:«Atrás, oculto en la montaña, hemos dejado las ruinas de un poblado vetton, posteriormente romanizado, donde algunos historiadores sitúan “Caelionicco”», y la negación de la existencia de ruina alguna por parte de los lugareños, que aseguraban que asentamiento hubo, en algún lugar de esos montes, pero que ruinas, lo que se dice ruinas, no quedaban, no nos dimos por vencido.

A pesar de la lluvia, la niebla y las amenazas de nieve, fáciles de esperar un martes trece de enero, la expedición se llevó a cabo. A las cuatro de la tarde salíamos de Béjar, por la antigua carretera N-630, hasta el cruce de Peñacaballera, donde, más o menos, habíamos concluido debía de estar, si estaba en algún sitio, el dichoso asentamiento. Recorrimos a pie la zona conocida como Casa Adriano o Entrecarreras, donde encontramos numerosa documentación referente a la Vía de la Plata.



Entre ella, y al final de la zona mencionada, encontramos lo siguiente:



Lo más interesante del cartel fue el mapa del que he adjuntado en una imagen detallada:




Del mismo pudimos deducir que nuestro destino se encontraba dentro de una finca particular, delimitada por la línea roja que aparece a la izquierda, a la que debíamos acceder desde la nueva carretera de Peñacaballera, ya que era el camino más corto a las ruinas, que he señalado con un punto verde. Y así lo hicimos. Nada más llegar a la citada carretera nos internamos en la propiedad privada, saltando el muro, donde empezamos a divisar un paisaje como el recuadrado en azul en el cartel anterior cuyo pie de foto reza: “Posible lugar de la Mansio Caecilio Vico”. Avanzando un poco encontramos los primeros restos:




Adjunto también esta visión panorámica del conjunto:



Avanzando de nuevo por un sendero apenas perceptible, y subiendo la loma, puesto que toda la documentación indicaba que se encontraba en un alto, nos encontramos una alambrada tras la cual apareció esta maravilla:



La forma nos recuerda a la de los dólmenes de corredor y responde más a la idea de restos vettones que de romanos, dado el tipo de construcción que solía realizar cada cultura.




En el lado opuesto a la entrada al círculo, siguiendo el diámetro aproximado de la circunferencia se encontraba la roca en la que se me puede ver en la foto siguiente, y en la que os podéis hacer una idea de las dimensiones reales.



La última foto es un detalle del empedrado del interior del círculo, un pequeño trozo del mismo en que el musgo y la vegetación nos han dado tregua para que podamos descartar que el círculo en cuestión fuera simplemente un refugio pastoril, dado que estos nunca se encuentran empedrados, menos aún con la regularidad que este ofrecía.



Primero vino el asombro, después el disfrute y por último la reflexión. ¿Por qué estos restos permanecen ocultos en una finca particular con el conocimiento y, lo que es peor aún, con el consentimiento de la Junta de Castilla y León, que tanto se afana en promover la Vía de la Plata? Estando estos restos, como están, aledaños a la misma, ¿no sería más interesante que se realizara una expropiación, en favor del bien común, y que eminentes arqueólogos realizaran excavaciones para desentrañar los secretos de nuestra historia antigua? ¿No sería mejor que se construyera un aula de interpretación de los restos como ocurre con los de Cáparra, situada pocos kilómetros más al sur, y que la gente pudiera disfrutar de los mismos? ¿Por qué los lugareños no sabían, o afirmaban no saber nada de las ruinas? Acaso las explanaciones y las huellas de máquinas excavadoras que vimos en la misma finca en la que se encontraba el círculo, urbanizable, por cierto, nos hablan de una futura explotación privada del yacimiento. Si esto es así, espero que alguien tome cartas en el asunto cuanto antes, y que no nos roben nuestro patrimonio histórico ya que, en caso de cumplirse mi elucubración, la culpable, la única culpable, sería nuestra querida Junta de Castilla y León.


Más info en: http://furanu.blogspot.com/2009/01/en-busca-de-las-ruinas-perdidas.html

jueves, 18 de diciembre de 2008

Para qué reciclamos


Hace unos días fui partícipe de un suceso que me gustaría relatarles. Sucedió cuando me encontraba depositando el material de deshecho reciclable, previamente separado por materias, en los contenedores habilitados a tal efecto. El caso es que, al encontrarse lleno el contenedor amarillo, deposité la bolsa de plásticos y envases junto a éste, y mientras hacía lo propio con los derivados de la celulosa, apareció, fugaz como un cazador furtivo, un respetable barrendero que, cumpliendo con su oficio, recogió la bolsa que yo había dejado en el suelo para tirarla literalmente a la basura. Antes de que desapareciera, lancé una pregunta retórica que no pude reprimir, ¿para eso reciclamos? El buen hombre me explicó que tenían orden de no dejar nada en el suelo porque si llegaban unos chavales y le daban una patada aquello se repartía por toda la calle y era como si no hubiera realizado su trabajo. Tras conminarme por mi evidente falta de civismo, que violaba seguramente varias de las leyes del urbanismo más elemental, me aconsejó que sólo reciclara cuando los contenedores se encontraran vacíos. Por último, se disculpó por haberse precipitado en condenar mis ansias ecológicas y se fue por donde había venido.

El problema es que él tenía razón, cumplía con su trabajo, incluso sus argumentos me parecieron razonables, y yo también tenía razón, ¿para qué molestarme en tener cuatro bolsas de basura en lugar de una si, estando completos los contenedores, iba a acabar todo junto? La solución de reciclar sólo cuando acabaran de vaciar los contenedores me pareció inviable, puesto que si todos hiciéramos lo mismo, se llenarían a los cinco minutos de haber sido vaciados, y, a partir de entonces, ya no tendría sentido reciclar hasta la semana siguiente, esto con suerte, para que los hubieran vaciado de nuevo. Se me ocurre que la solución pasaría por multiplicar el número de contenedores de reciclaje, pero nos toparíamos, como ya ha ocurrido otras veces y en otros barrios, con la consabida respuesta de la administración referente al precio que asumir esta compra conlleva, y claro, qué podemos hacer nosotros ante argumentos de ese peso específico. Mi pregunta es la siguiente: ¿cuánto dinero se gastan anualmente las administraciones en campañas de concienciación? ¿Cuántos concursos en las aulas de colegios e institutos para diseñar elocuentes carteles que inciten al reciclaje? ¿Cuántos recursos malgastados en pos del racional aprovechamiento de recursos? ¿Para qué tanto esfuerzo si la población ya se encuentra concienciada y tan comprometida con el medioambiente y el reciclaje que los contenedores se tornan insuficientes? ¿No deberíamos concienciar a la propia administración de que hicieran bien el trabajo que se les encomendó al ser elegidos cargos públicos? ¿Para cuando una campaña de concienciación de gobernantes, concejales, diputados, procuradores, etc.? Realmente, ¿no comprenden que el reciclaje, por definición, consiste en obtener beneficios, no sólo para el medioambiente, también económicos, de los desperdicios que todos generamos?
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