viernes, 26 de febrero de 2010

jueves, 18 de febrero de 2010

El entierro de la sardina



Una luna cabrona apenas velada por el humo de las sardinas. Albas, cirios, llantos fingidos, atávico ritual que pone fin al reinado de la carne. Privilegiado, mi primer miércoles de ceniza, siento como algo inscrito en mi inconsciente se activa de pronto, algo grabado a fuego en los albores de la especie, una chispa, un impulso nervioso que procede del bulbo raquídeo o del cerebelo. Mi sangre se llena de ritmos tribales, mi cuerpo pide bacanal, saturnalia, carnaval, ritos órficos, ambientes goyescos y esperpento. Me siento inducido, más de lo normal, a lo irracional, a lo violento, incluso el gélido viento de febrero me resulta agradable. Mi parte animal ya no tiene que luchar para salir de su escondite, ha sido liberada , las fieras andan sueltas. Las sardinas y el vino tinto hacen su efecto, mi sexo te llama a gritos ensordecedores, y yo fiel y monógamo como todos los lobos, permanezco callado, quieto, mudo. La noche va sembrando ya su escarcha y el sueño apoderándose de mis párpados. Esta madrugada me siento más ibérico que nunca, heredero de Goya y Valle-Inclán.

sábado, 13 de febrero de 2010

Canis Lupus ¿familiaris?




el lado irracional, el aullido primigenio, pervive, la escalera sube, la luna, postiza o no, emancipa nuestros corazones, la sed de sangre, el sabor de la muerte, pobre perro atormentado por las "turas", fiel como ningún otro, sabes más allá de tu tristeza que no estás domesticado, contrato social encubierto, el pacto para vencer la soledad no fue bilateral,
cualquier día tomarás de nuevo el camino de la libertad, irracional, dionisíaco. Yo, al menos, así lo espero.

Canis Lupus familiaris



la soledad ardió al lobo en perro

clavando sus colmillos en su cuello

lunes, 28 de diciembre de 2009

Obscuridad


Sanabria se despierta envuelta en nieve y la lluvia va, poco a poco, lamiendo sus gélidos cristales estrellados. El año declina, un melancólico óbito lo asfixia y aquí estoy de nuevo, solo, sintiendo esa estúpida sensación de lejanía. Las botas caminaron ya el camino que debían, sus suelas gastadas no sirven para estas calles empapadas. Dos ángeles custodios sobre la cómoda recuerdan que es navidad, a pesar de la soledad terrible que abrasa las yemas de mis dedos. ¿Quién mató a Zarathustra? Ese espíritu terrible, lleno de vida, sí, pero también de muerte, rebosando odio, colmado de rabia, ese espíritu que subyacía en mis epitelios. Una quemadura de tercer grado los ha degradado, eliminando las terminaciones nerviosas que conectaban con Él. Un terrible fuego sordo que corre al anochecer por las calles de mi memoria, me ha abrasado por completo, me ha ardido a pesar de la lluvia interminable de este invierno incipiente, en ciernes. Tu desnudez es lo único que puede salvarme, tu presencia a mi lado, mil y una noches, abrazada como la hiedra alrededor del árbol de la vida, sirviéndose el uno del otro, y encaminándose juntos hacia la muerte. Soy un niño que tiene miedo a la oscuridad, tiéndeme tu mano, no me dejes solo…
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