miércoles, 9 de diciembre de 2009

El Teriñuelo



Este es dolmen funerario de "El Teriñuelo" situado a las afueras de Aldeavieja de Tormes, del que muestro fotografías tomadas este verano (inéditas en la red, creo), en mi primera visita, y espero que no sea la última, a esta maravilla arqueológica.
Fue declarado bien de Interés Cultural como Zona Arqueológica el 9 de Noviembre de 1993 en el BOCYL. Obvia decir que el mal estado en que se encuentra es responsabilidad, como siempre de las administraciones, que hacen como que se preocupan pero al final todo se queda en papel mojado, como podéis comprobar al contrastar el enlace siguiente, que hace referencia a la aprobación de trabajos integrales de conservación y difusión, y las fotografías que muestro.

http://2004.ccyl.es/SIRDOC/PDF/PUBLOFI/BO/CCL/6L/BOCCL6L00086A.pdf

Al fin y al cabo, nos podemos dar con un canto en los diente, ya que sólo un año antes de lo publicado en el enlace anterior estaba prevista la construcción de una hermosa urbanización a menos de 15m de los restos.
He encontrado alguna referencia a este yacimiento en el siguiente enlace:

http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2691292

Según vaya recopilando información perdida por internet, iré actualizando esta entrada. Aquí os dejo alguna foto más:









13/12/2009-La ficha técnica del megalito:
http://megalitos.arqueoloxico.com/fichasSA/37024001.html

jueves, 3 de diciembre de 2009

Narciso en el espejo


Hay lugares que son mágicos, que nos aportan una tremenda sensación de paz y bienestar, como si al dominarlos nos fundiéramos con el cosmos, con el brahman. Al dominarlos o al dejar que nos dominen, no estoy seguro. Son lugares magnéticos; tiene tal atracción que pueden llegar a crear adicción, por lo que hay que dosificar sus visitas. Quizás porque al contemplar su paisaje, lo que realmente contemplamos es nuestra propia imagen reflejada, nuetro atman. Y como Narciso queremos volver una y otra vez al estanque de paz que es nuestro reflejo, el de nuestra alma. Probablemente, hace demasiado tiempo que no me miro en el reflejo que de mí mismo devuelven Las Cuevas, más de dos años... No temo por lo que pueda encontrarme, ni porque encuentre cortado el acceso, el físico y el espiritual; temo quizás que una cierta nostalgia a infancia olvidada, al recordar las amistades que nunca olvidé, me invada y sienta la necesidad de que una lágrima furtiva, al rodar por entre mis mejillas, haga doblar las campanas por mi niñez.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Amaestrado


Maniatado, casi roto, deambulando por las esencias del apergaminado somnífero, cativo, irreal, ilógico, irrecuperable. Macilento.
Fatigado ya de todo, recurro al verso, que amarillea como un gamo en verano, que aplaude a pies juntillas mientras recibe en embajada al sumo pontífice de la fealdad, a la oscura intención que regresa con cada estocada. Un laberinto, una condena al minotauro que ha de acechar sus pasos, un nada insigne felpudo en que limpiarse los gatos al salir, con una luna postiza, que siempre sale malparada. Escarnio de candil, luz de las troneras, frío sucinto que recorre el vello de mi pecho, como una escalera hacia la nada, a la imaginación exacerbada, un perro ladrando a la luna es lo que soy, no un lobo, un perro. Amaestrado.

martes, 17 de noviembre de 2009

El Papel vacío




El papel vacío, mil nombres bailando en la cabeza, Fonollosa, Cortázar, Chema Madoz, millones de nombres, Elliot Murphy, Nietzsche, Diógenes, Durero, Johny Hodges, todos los nombres, Saramago. Todos componen esa amalgama que resume lo que soy, todos los hombres. Cada niño, cada anciano, cada puta, cada psicópata, cada filántropo, cada misántropo, cada pez globo, cada ranita de San Antón, cada lobo, cada lagarto, cada gusano, cada rama de un árbol que se mece al son del viento. Cada roca, cada grano de finísima arena, cada partícula, cada mota de polvo que pisé en mi camino. Soy yo, soy tú, soy todos, soy todo, me siento conectado a cada microscópico quark del universo. Un invisible xilema, un inapreciable floema que nos alimenta y nos interconecta.
Si cierro los ojos y me olvido, puedo sentirlo, puedo sentir como el cabello se le eriza a un pequeño ratoncillo de campo al otro lado del mundo. Puedo sentir ese escalofrío. Puedo sentir el orgasmo de las miles de parejas que se entregan a sus instintos en este preciso momento. Puedo sentir la tristeza y la impotencia ante la muerte, puedo sentir la muerte, puedo sentir el odio, la sinrazón, puedo sentir lo mucho que te amo. Puedo sentir todo lo sensible por hombre, animal, vegetal o cosa. Lo único que me hace falta, la auténtica inspiración es tener delante la tan temida hoja vacía.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Fado sanabrés



(Lamento)

La volcánica voz de Elliot Murphy amortigua el único sonido perceptible de la habitación, que no es otro que el de las teclas mientras escribo. Apenas se escuchan ruidos en el edén otoñal de Sanabria. No es casualidad, una extraña conjura de los hados, todo el universo reunido, el brahman al completo se ha confabulado para que mi primera estancia en los alrededores de la Sierra de la Culebra se produjera en otoño.

 Las calles de Puebla huelen a otoño, a fermentación, a levadura, a hojas secas, a orujo y a sidra, a higos, a boletus. El sol se resiste entre los tejados azules a abandonar su cielo nebulizado, y un extraño aroma a nostalgia en estado puro me invade en cada inspiración. La soledad que me atraviesa se funde en sí misma con el sonido de la harmónica y La Hoja de Roble cae en pedazos, marchita, muerta, sobre mi ahora corta melena. Capitulé, me rendí a la adultez, abandoné mi eterna (o eso creía yo) niñez. Y me pregunto si estoy siguiendo mis sueños o tan sólo dejándome llevar por el viento de las buenas costumbres, del deber, de lo establecido. Un paso más hacia la muerte. Un cuarto de siglo hunde sus rodillas en mi pecho, me asfixia y sólo tú le das sentido a este desconcierto, a esta huida de mí mismo. 

Joder, te extraño tanto…
                las horas resbalan despacio, como las gotas de lluvia sobre los cristales
                                                                                                            y todo se hace tan triste… 

jueves, 24 de septiembre de 2009

Preconsciencia salmantina

(Sueño de una noche de otoño)

Mis pasos deambulan despacio y las calles se desvanecen en humo pálido. Los vapores de la lluvia crepitan en la piedra de Villamayor, esa que envuelve las ruinas de una ciudad dormida y que duerme eternamente el ansiado descanso eterno. La visión postapocalíptica, tétrica, dantesca, divina comedia venida a menos, invade sucintamente la despensa de mi inconsciencia. Me refiero, por supuesto, al lugar donde se guardan los ingredientes con que cocino mis recuerdos, sazonándolos a mi gusto, reinventando hechos y arrojando al lar aquello que quisiera nunca hubiera pasado. Observo atónito como ciertos recuerdos son arrasados. Sólo quedará de ellos el hollín y una pequeña mancha más en el puchero, confundida con las muchas otras que el paso de los años dejó marcadas en sus lomos. Apenas nada. Afortunadamente aún soy capaz de reciclarme. Temo por mí, por el día en que no alcance a metabolizar, a asimilar lo que me sucede. Siempre he tenido miedo a la esquizofrenia. La distancia que separa mi amado ser preconsciente, mi propio manifiesto surrealista, de la locura, de verme como esas fotografías de Nietzsche en el manicomio de Jena, se salva en tan pocos pasos que ya estaría loco si no sintiera el miedo golpeando en el fondo de mis cuencas, en la retina... En esos momentos es cuando la expresión salvarse de sí mismo adquiere su verdadera magnitud, ya que fuera de ellos no soy capaz de entenderla. Salvarme de mí mismo cuando tantas veces, en tan corto período de tiempo, he sido capaz de perder todo aquello que me salva del delirio, que me hace feliz (sí, casi siempre soy feliz, será mi bendita ignorancia, pero soy feliz). Ver los acontecimientos como si fuera un mero espectador es lo que me asusta, perder el control de mí mismo, de mi vida. Asistir al caos que yo mismo he creado y no ser capaz de reaccionar, de comprender que lo que me pasa es real y no un mal sueño. Perderte a ti, al fin y al cabo, y todo cuanto te rodea, es lo que de verdad me aterroriza.

Heptasílavos de medianoche

la llama de la ciénaga

rescoldos del augurio


el ámbito deshecho


las sábanas vacías


y me muero de sangre


pálpito en la despensa


del inconsciente, hora


marchita, de tu huida.



vvvvvvvvvvvvvvvv
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Creative Commons License
La Caverna de Zarathustra by Albert Peterson is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 3.0 Unported License.
Based on a work at lacavernadezarathustra.blogspot.com.es.
Permissions beyond the scope of this license may be available at http://creativecommons.org/licenses/.