domingo, 21 de noviembre de 2010

El oradro horadado (Capítulo 8º)

El horador propone y el autor dispone. O así debiera ser y, al menos, así fue al principio. Así debiera ser, decimos, el flujo de poder en la relación jerárquica entre el autor y su obra. Mas, sin embargo, en un determinado momento el horador decidió, por fin, tomar las riendas de su vida, eludir todo control por nuestra parte, y echarse al monte, ponerse el mundo por montera, romper con lo establecido y tornarse libre.
Todo esto está muy bien, deberíamos incluso aplaudirle por su arrojo, de no ser por el efecto que este extraño caso, nunca visto, está teniendo sobre el autor. Claro, dirán algunos, el pájaro abandona el nido y el progenitor siente el vacío, el maestro extraña a su discípulo y además éste ha deshojado su corona. Envidia, en el fondo el autor siente envidia, sentenciarán lo más quisquillosos y maledicentes.
Sin embargo desconocen las consecuencias reales que los actos del horador tienen en la vida de su autor. Expliquémonos. Resulta que todo acto, pensamiento, palabra u omisión de nuestro amigo el horador tiene su inmediato reflejo en la vida del autor. Toda decisión que el horador toma en su recién adquirida situación de libertad involucra a su creador. Como si el horador fuera viviendo por anticipado, y al hautor no le quedara más remedio que esperar lo inevitable.
Cual nivola invertida, el horador tiene pleno control sobre el hautor. Habría sido digno de ver a don Miguel persiguiendo a su Augusto Pérez por las calles de Salamanca, implorando clemencia, y sensatez en sus actos, al personaje, ante el augurio inevitable de que lo que pasara a éste le sucedería a aquél. Un desastre, la deshonra del gremio, una vergüenza entre los literatos. Un poeta vencido y humillado por su personaje. Como el que fue a por lana y volvió trasquilado. Pues bien, este es el caso que se le presenta en este momento al hautor, un horador que no da muestras de piedad ni perdón ante el creador de todas sus desdichas.  Un hautor al que no le queda más remedio que aceptar el nuevo orden de las cosas, dejarse llevar por su creación, vivir lo que el  horador viva y sufrir lo que él sufra.
 Merecido lo tiene, por cierto.

2 comentarios:

  1. oh la libertad y el desheredarse en el complejo mundo de las cien caras.. no sé, me pregunto quién pierde o quién gana más, o si acaso tiene cuantías esa distancia del "orgasmo" en el pensamiento

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